Camilo Marks Alonso es un crítico literario con no pocas credenciales, al que se le suele dar carta blanca en sus comentarios en el diario El Mercurio. De hecho Marks (que no opina, sino “dispara”) ha forjado un estilo de crítica que es bastante notorio, y que casi puede ser considerado como una marca registrada. Enfrentarse a un juicio de Camilo Marks es observar a un autor que basa buena parte de su ejercicio crítico en confeccionar catastros de errores de los libros que lee, de forma puntillosa, detallista hasta la saciedad, con el dedo acusador casi siempre en ristre ante la menor pifia, ripio o gazapo.
Es claro que los editores de Random House Mondadori consintieron a Camilo Marks con el mismo laissez faire que El Mercurio le da para escribir sus críticas, lo que en ambos casos es del todo cuestionable, cuando no peligroso. Faltó que el propio Eugenio Órdenes (lejos lo mejor del libro) o algún equivalente en la editorial, leyera con cuidado la novela, la descuartizara línea por línea y le enviara a Marks una misiva infamante, enrostrándole una por una las fallas y caprichos que presenta este libro. Órdenes no habría dejado pasar las erratas del volumen, la suficiencia con la que los personajes opinan de todo y cuando se les da la gana, la desconexión total que Marks tiene con el habla cotidiana, la chacota desparpajada de mandarles recados a los alumnos que el autor tiene en la vida real en la U. Diego Portales, y un largo etcétera.
Camilo Marks señaló en la presentación de este libro que “las novelas dan para absolutamente todo y al que no le guste tendrá que tener paciencia”. Pues bien, sorprende a estas alturas que Marks no tenga meridianamente claro que la paciencia del lector tiene límites muy acotados, y que el abuso libresco raramente se tolera. Camilo Marks escribió un libro “a su manera”, pero es indudable que él no es un Frank Sinatra de la literatura, y está muy lejos de serlo.
Camilo Marks
“La sinfonía fantástica”
Ed. Mondadori, Santiago, 2008, 469 págs.





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