El mercado editorial registró hace algunas semanas el nacimiento de una de sus novedades cool, nos referimos a “La deuda” (Mondadori, 2009), última entrega del escritor y columnista Suceden varias cosas con esta novela de Gumucio, y que hacen que simplemente no funcione. La primera de ellas es el baladí hecho que elige Gumucio como armazón para desarrollar su muy ambicioso proyecto, una noticia de farándula. La segunda de ellas se desprende de la anterior, Gumucio aspira a crear un libro que, en el papel, no dejará títere con cabeza al meterse contra la Iglesia, la política, la culpa cristiana, el cine chileno, la PDI, la corrupción en la Concertación, la clase media, el determinismo insalvable -casi al nivel de casta hindú-, que da el origen social, la literatura misma, etcétera., temas que, si se revisa la carrera de Gumucio como cronista y columnista, se verá que son sus obsesiones, sus perennes cuentas pendientes. Las páginas del libro rezuman un apuro, un atarantamiento incluso, por sacarse este hueso de pollo que Gumucio tiene atravesado en el gaznate, un apuro por escribir una novela política (en el sentido amplio y no ideológico del término), que desnude a la sociedad local y todos sus males, de una sola patada.
A partir de esto, una tercera cosa que sucede con “La deuda” –y su principal cojera- es que se aprieta mucho, y, como no podía ser de otra forma, se abarca poco. Gumucio promete una bomba de 150 megatones para terminar entregando guatapiques al lector. No se puede dejar de pensar que si el autor tuviera un poco más de paciencia, podría haber desarrollado con los años cada uno de estos temas -que no son nuevos- en libros individuales, con más calma, con mayor atención. Pero en fin,
En cuarto lugar, el tránsito de crónica a novela que el autor emprende se nota accidentado y por momentos fallido. Gumucio no toma en cuenta que hay arbitrariedades que se permiten en el campo de la opinión periodística (Macul como epicentro de la clase media, et. al.), pero que en la ficción, donde hay que construir tinglados argumentales y personajes sólidos, simplemente chirrían. Una cosa es cronicar el clasismo o la corrupción, y otra muy distinta es exponerlo con una dimensión poética o artística, con los intrincados códigos de
El pretencioso proyecto de “La deuda” se desmorona en un texto blando, lugar en que se deshacen las intenciones de desnudar yayas enquistadas de cierto sector de la sociedad (aquel en el cual Gumucio hace su vida diaria, como lo delatan los guiños a restaurantes y locales comerciales, tal como lo hizo su camarada
“La deuda”
Ed. Mondadori, Santiago, 2009, 352 págs.











Al leer “La vida de una vaca” (Planeta/Seix Barral, 2008), tercer libro del periodista chileno Juan Pablo Meneses (Santiago, 1969), viene a la mente un sketch del inclasificable y genial actor argentino 
